16/10/11

"Good Will Hunting"


La ópera prima de la pareja que formaron Matt Damon y Ben Affleck ocupa un lugar especial en las películas de mi vida, lo que la hace que al verla una y otra vez no deje de encontrar detalles que me encantan o de emocionarme con la frase, el diálogo, la música de Danny Elfman o, incluso, el silencio y la soledad que lo acompañan.

GoodWillHunting (1997) es una cinta dirigida por el excelente Gus Van Sant. La película obtuvo nueve nominaciones al Óscar (ganando dos de ellos: uno al mejor guión original, para el dúo dinámico; y el otro, al mejor actor de reparto para Robin Williams, a quien ya se lo debían desde DeadPoetsSociety). El elenco se complementa con la encantadora Minnie Driver, StellanSkarsgård, CaseyAffleck, Cole Hauser y John Mighton.

WillHunting (Damon) es un joven prodigio autodidacta que trabaja como afanador en el MIT en Harvard. Allí, un matemático descubrirá sus facultades e intentará que reconduzca su vida. Después de pagar una fianza para que salga de la cárcel, donde se halla como consecuencia de un pleito, el profesor consigue que acepte el tratamiento del psicólogo Sean Maguire (Williams).Con él entablará un profunda relación, que transcurre entre los intentos de romper el escepticismo y la rebeldía, hasta buscar comprender lo que orilla a un tipo con particulares habilidades a despreciar el lugar en el mundo del "éxito" que en él sería natural y el sentimiento de culpa implícito. Esta relación médico-paciente, sin embargo, está lejos de ser unilateral, ya que en virtud de su inteligencia, Will buscará invertir los papeles o por lo menor jugar parejo; lo que nos lleva al análisis de dos vidas aparentemente disfuncionales: la de él y la de Sean.

Con esta base, el director nos enfrenta con la dura realidad de la juventud de hoy, encaminada a lograr metas cada vez más difíciles y a tomar decisiones por sí misma, con poco margen de error. Si no quiere considerarse "fracasada" en un mundo en el que aún los adultos nos hallamos desorientados, lo que hace que la comunicación entre generaciones, en la época de mayor tecnología , sea cada vez más difícil.

Soy un tipo de frases.Good Will Huntingtienevariasinolvidables. Les comparto mis favoritas:

Sean:Eres un bebé y en realidad no tienes ni idea de lo que hablas. Es normal, nunca has salido de Boston. Si te pregunto por Miguel Ángel, lo sabrás todo: vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual... lo que haga falta. Pero no puedes decirme cómo huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto. Si te pregunto por las mujeres, supongo que me harás una lista de tus favoritas. Puede que hayas tenido algunas aventuras. Pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad. Eres duro. Si te pregunto por la guerra, me citarás algo de Shakespeare, 'de nuevo en la brecha amigos míos'. Pero no has estado en ninguna. Nunca has sostenido a un amigo entre tus brazos esperando ayuda mientras exhala su último suspiro. Si te pregunto por el amor, me citarás un soneto. Pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable. Ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti, para que te rescate de los pozos del infierno, ni qué se siente al ser su ángel. Darle tu amor, darlo todo. No sabes lo que es dormir en un hospital dos meses porque los médicos vieron que el concepto horario de visitas no va contigo. No sabes lo que significa perder a alguien. Sólo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo. Te miro y no veo a un hombre inteligente. Veo a un niño creído y lleno de miedo. Eres un genio Will, eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que pasa en tu interior. En cambio, piensas que sabes todo sobre mí porque viste un cuadro y rajas mi vida de arriba abajo. Eres huérfano, ¿verdad? ¿Crees que sé cómo ha sido tu vida, quién eres, por haber leído 'Oliver Twist'?, ¿un libro basta para definirte? Personalmente eso me importa poco, porque no puedo aprender nada de ti de un maldito libro. Pero si quieres hablar de ti, de quién eres... estaré fascinado. A eso me apunto, pero no quieres hacerlo, te aterroriza decir lo que sientes. Es tu turno, jefe.


Sean:No eres perfecto, amigo. Y voy a ahorrarte el suspenso... la chica que conociste tampoco es perfecta. Lo único que importa es si son perfectos juntos.

12/10/11

"Es bueno leer y no hay lectura mala". Barbara Jacobs


Soy dueña de por lo menos tres bibliotecas personales, la de los libros que poseo físicamente, la de los que leí y por mil razones no guardé y la de los que quiero leer o aunque sea solo tener pero que no he encontrado todavía. También, de la de los libros sobre los que he oído o leído tanto que me parece que yo misma ya los leí. Y además soy dueña de los únicos libros sin los que de verdad prácticamente no podría vivir, que son los diccionarios, de todo tipo. Los consulto y aparte me entretienen porque despiertan mi imaginación y me ponen a prueba mis conocimientos. Algún día me gustaría cumplir con mi sueño de leer alguno de ellos íntegramente, de la primera página a la última, aunque me temo que la lectura me estimularía tanto que la interrumpiría y me pondría a escribir, con lo cual entonces no acabaría de leer el diccionario nunca.

Sin embargo, creo que es más valioso ser un buen lector que dueño de la mejor biblioteca. A mí no me fue fácil ni aprender a leer ni tomarle gusto a la lectura, y pienso que esto fue así porque antes que lectora lo que innatamente soy es soñadora. Soy una soñadora natural y, debido a esto, en mis inicios de lectora, al estar leyendo o procurando leer, un impulso o instinto me distraía de la lectura y me impedía concentrarme en ella, adentrarme en mundos diferentes de los de mis propios sueños, y al penetrar los ajenos arriesgarme de paso a perder los propios. En otras palabras, tal vez de nacimiento también fuera miedosa, no porque me asustara o me fuera asustar lo que leyera, sino porque temía que el libro me succionara y luego ya no pudiera salir de su pozo y regresara a donde fuera que me encontrara, la realidad, el presente, la vida o como quiera que se llame el espacio temporal en el que a los seres vivos nos corresponde existir. Lo que con estas confidencias parece una locura, pero es la verdad...

...Mi biblioteca se ha formado lentamente, igual que yo, y está integrada por un poco de todo, así como yo.

Quiero decir que desde entonces, y a pesar de los escollos para leer con que, por soñadora, me topé en un principio, asocio la lectura a la idea de continuidad, a la de expectativa atendida como promesa de dar más o de ser inagotable. Asimismo, la emparento al mundo de las series y las clasificaciones, de los sistemas de poner orden en una totalidad determinada para poder abarcarla sin que se me escape nada esencial, como arena entre los dedos. Me aficioné por ejemplo a hacer o encontrar las listas de los libros que los grandes lectores, mujeres y hombres, hubieren leído y que recomendaran leer como lecturas formativas, autorizadas y confiadas y confiables puesto los habían formado a ellos y ellos eran grandes y merecían ser imitados.

Luego me di cuenta de que por infinidad de motivos este camino promisorio era imposible de recorrer. No hay dos lectores a los que los hubieran formado los mismos libros. Es decir, no hay dos bibliotecas personales iguales, por más que cada una sea valiosa y formativa en sí. No solo hay gustos de lectura individual y diferente, sino capacidades de lectura individuales y diferentes.

Quiero decir que llega el momento en que uno aprende qué es lo que le gusta leer y lo que puede leer, y entonces sabe que eso es lo que va a leer y no lamenta no poder leer lo demás. Pero la búsqueda es entretenida, por más que sea larga y accidentada. Seguir como principio de vida de lector el del ensayo y error no está mal. Para aficionarse a la lectura hay que leer de todo y tampoco está mal leer ningún tipo de libro con tal de leer, con tal de seguir leyendo. Es bueno leer y no hay lectura mala. Es bueno leer en el idioma de uno y en idiomas que le sean extranjeros. Es recomendable conocer por lo menos un idioma extranjero respecto al propio. Todos son ricos, y no hay ninguno que sea más rico que otro. Todos abren los ojos sobre sí mismo y arrojan luz sobre el idioma natal de quien lo estudia, por lo tanto todos enriquecen.

Las bibliotecas personales reflejan no únicamente el gusto de su dueño sino la extensión de su locura de lector. Me refiero a que cuando un lector se aficiona de veras a un autor determinado, es capaz de tener en su biblioteca personal los libros de ese autor tanto en ediciones en idiomas que conoce como en lenguas que no conoce, en versión original tanto como en traducción o traducciones.

Hay dos clases de lectores. Por una parte, están los que son y quieren ser solamente lectores, llamémoslos puros; y por otra, los que además de lectores son o quieren ser a su vez autores o escritores, es decir, lectores impuros, por amañados. Pero tanto unos como otros son susceptibles de padecer la locura de lector. Esta locura, por cierto, tiene infinidad de modalidades, aunque el hilo conductor que comparten es solo uno, es decir, leer. Y es locura porque el que lee, vive más en los libros que en la vida. Es más, hay momentos en que uno incluso agradecería ser literalmente succionado por la lectura o por algún libro específico y no volver a salir más de entre sus tapas. La actividad de leer, que en mis primerísimos principios de lectora constituyó un terror y por lo mismo una dificultad y una resistencia, una vez vencida se convirtió, más que en un deseo, en obsesión y compulsiva necesidad. Mientras que la locura de la lectura no desconecta del todo del mundo exterior a un lector puro, a un lector impuro lo succiona al más interno de los mundos, que es el de la desconexión con el mundo exterior. Diré algo más: un alienado, que es incapaz de leer precisamente por temor a perderse en un mundo ajeno y desconocido, es menos loco que un lector impuro que lee para acabar perdiéndose precisamente en mundos que, aunque ajenos y desconocidos para otros, para él terminan en transformarse en conocidos y propios.

En mi biblioteca personal tengo de todo, decía. Incluso, libros inexistentes o libros en potencia, como los que me gustaría formar con partes de los otros. Me entretengo ideando antologías. Soy buena lectora de antologías y las recomiendo.

Por lo que hace a mí, con frecuencia me sorprendo imaginariamente sometiendo mis libros a situaciones extremas. No juego a decidir qué libro me llevaría a la isla desierta porque ya jugué, y además porque ahora imagino que la isla es la Atlántida y que el libro que me llevara a la isla y yo misma no tardaríamos en ser succionados por el mar con  todo y la Atlántida, hipotética o real. Pero en cambio, sí me pregunto con qué libros de mi biblioteca me quedaría si, por una situación imprevisible, tuviera que renunciar a la mayoría de ellos o si solo pudiera conservar una mínima parte.

Lo que en síntesis quiero decir es que preferiría no desprenderme de mi biblioteca ni de toda ella ni de ninguna de sus partes. Como se habrá deducido a lo largo de estas líneas, soy incapaz de llegar a una conclusión sensata en cuanto a cómo depurar mi biblioteca para atesorar únicamente lo esencial. La verdad, es que sucede que todos los libros que poseo, resultan fundamentales para mí, pues me declaro incompetente para desprenderme voluntaria y conscientemente de ninguno de ellos, ni siquiera de los que llego a tener por duplicado o por triplicado. Cuando alcanzo este punto de voracidad, sé que debo hacer un viraje en mi razonamiento y admitir que mi biblioteca personal, tal como es, constituye mi mayor riqueza, y que verme sin ella me despoja hasta de la más mínima seguridad que pudiera tener de mi existencia.

Podría preguntarme cuál sería mi biblioteca personal ideal, pero me temo que hacerlo equivaldría a entrar en otro callejón sin salida. Como escritora me ha formado los libros que constituyen mi biblioteca, no los que la podrían o deberían constituir. Así como no hay dos bibliotecas personales iguales, no hay dos escritores que se hubieran formado con los mismos libros, y sin embargo un lector puede admirarlos a los dos y puede asimismo aprender enormemente de ambos aun cuando ellos sean distintos en todo el uno del otro y hasta opuestos y contrastantes; un lector/escritor puede querer aprender de los dos y, con tal de que se incluya a sí mismo en la mezcla, haría bien en intentarlo. En las diferencias de lecturas se encuentran las diferencias de estilos de los escritores. Cada uno crea su mundo de expresión propia y a partir de sus propias lecturas. Cada escritor da a sus lectores sus propias lecturas asimiladas, amalgamadas, concentradas, elaboradas, transformadas.

Mi propia biblioteca personal… habla de mí. Refleja todos mis intereses e incluso me recuerda desde cuándo cada uno de esos intereses despertó en mí. Al repasar los títulos de los volúmenes que los recogen me queda claro qué temas han dado forma a mi curiosidad, y al repasar la historia de los ejemplares en sí, distingo desde cuándo me aficioné no solo a cada uno de los temas que me han llamado la atención, sino a la manera en que los he abordado, que ha sido a través de los libros y de la lectura. Quiero decir que mi biblioteca personal es mi autobiografía; los libros que la integran cuentan mi vida...

...Si el contenido de mi biblioteca habla de mí, su orden grita de mí, podría confesar.

Ignoro de cuántos volúmenes conste mi biblioteca, pero sé que sin mis libros, sin la posibilidad de releerlos, o por lo menos de ojearlos y hojearlos, de arrugarlos contra mi pecho y ponerlos bajo mi almohada, ciertamente no podría vivir.

1/10/11

"Sliding doors"


Esta entrañable película del año 1998, que se ubica dentro del mejor género neorromántico inglés, fue escrita y dirigida por Peter Howitt, y protagonizada por la hermosa GwynethPaltrow, —en una de sus mejores actuaciones—, John Hannah, John Lynch, Jeanne Tripplehorn y Virginia McKenna. 

La vida siempre nos depara sorpresas. A veces las cosas suceden y a veces no. En algunas ocasiones nos gusta imaginar lo que hubiera pasado si tan solo un elemento hubiera sido diferente. Así, GwynethPaltrow encarna a una mujer viviendo desde dos perspectivas diferentes: en una, su existencia cambia por completo; en la otra, las cosas permanecen igual, aunque el destino le tiene preparado otro sendero.  

Helen (Paltrow) es una londinense que mantiene a su novio Gerry (Lynch), novel escritor quien trabaja en su primera obra, pero sin ánimos de terminarla nunca. Una mañana, ella sale rumbo al trabajo, donde es despedida intempestivamente. Mientras esto sucede, Gerry introduce a Lydia (Tripplehorn) al departamento. Helen, deprimida, decide regresar a su casa, por lo que entra a la estación del metro, pero en las escaleras del andén casi tropieza con una niña, obstáculo que le impide alcanzar el vagón, cuyas puertas se cierran justo en su rostro (de ahí el nombre original de la película). Entonces decide tomar un taxi, pero es asaltada y termina en el hospital; cuando al fin llega a casa, la amante se ha ido y no descubre la infidelidad de su pareja, por lo que su rutina sigue como si nada, aunque la mala suerte no deja de perseguirla. 

En la historia paralela, que nace a partir de la escena del metro, Helen esquiva a la niña, consigue detener las puertas y entrar al vagón —donde conoce a James (Hannah)—,  llega a tiempo a casa para encontrar a Gerry con su amante, lo abandona y comienza una nueva vida. Decide reinventarse, darse la oportunidad de salir con James, hombre emprendedor que la impulsa para que se independice abriendo su propio negocio, para finalmente enamorarse del perfecto caballero inglés, pareciendo que la felicidad llegó a ella.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez qué habría sido de su vida si en algún punto de la misma hubiera tomado un camino distinto del que tomó, si en lugar de elegir a tal pareja o a ese trabajo, hubiera hecho otra distinta...? A las personas que miran el mundo, se hacen preguntas y gustan de indagar en las corrientes profundas de nuestro misterioso viaje, les encantará el planteamiento en el argumento de este filme; el cual sugiere que, independientemente de las decisiones a las que les atribuimos un efecto trascendente, existen una infinidad de pequeños y soslayados sucesos, detalles y casualidades que pueden influir entre una experiencia a otra, tejiendo así, anónima e invisiblemente, el tapiz de nuestra existencia. 


El final es enormemente enriquecedor, haciéndonos soñar con la idea de que lo bueno que nos sucederá, hagamos lo que hagamos, irremediablemente ocurrirá; que nuestro destino está ahí y solo hay que saber detectarlo; que si algo malo nos pasa, pues seguro es porque algo mejor está aguardando para nosotros.

23/9/11

Sólo estoy solo. En busca del anacronismo perdido


La última reforma a nuestra ortografía, aprobada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, no ha dejado de generar controversia, ya que el sentido de la misma es el de buscar simplificar la escritura de nuestro rico idioma, tácitamente asumiendo la postura de Gabriel García Márquez, quien opina:

"Me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvanos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?".

Así, una de las modificaciones más criticadas consistió en la eliminación de la tilde diacrítica en el adverbio "sólo", asimilándolo al adjetivo "solo". Las razones de la reforma se expusieron así:


"La palabra solo, tanto cuando es adverbio (Solo trabaja de lunes a viernes) como cuando es adjetivo (Está solo en casa todo el día) ... son voces que no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por ser bisílabas llanas terminadas en vocal o en –s...


"No obstante, las reglas ortográficas venían prescribiendo el uso diacrítico de la tilde en el adverbio solo ... para distinguirlos ... del adjetivo solo ... cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos (‘trabaja solamente los domingos’), para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos (‘trabaja sin compañía los domingos’)...

"Sin embargo, puesto que ese empleo tradicional de la tilde diacrítica no opone en estos casos formas tónicas a otras átonas formalmente idénticas (requisito prosódico que justifica el empleo de la tilde diacrítica), ya que tanto el adjetivo solo... son palabras tónicas, lo mismo que el adverbio solo... a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de doble interpretación.


"Las posibles ambigüedades son resueltas casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden resolverse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una sola de las interpretaciones. En todo caso, estas posibles ambigüedades nunca son superiores en número ni más graves que las que producen los numerosísimos casos de homonimia y polisemia léxica que hay en la lengua...".

En el caso objeto de estas líneas, me permito diferir de la opinión de los miembros de la Academia  ya que la búsqueda de simplificar la ortografía no debe ir acompañada del detrimento en la calidad de la difusión de las ideas, teleología de la escritura, para poder entendernos de igual manera que lo hacemos oralmente.


Si bien estoy de acuerdo en eliminar reglas fuera de uso o que complican la transmisión, no puedo coincidir con un simplificar como meta, tal como lo propone García Márquez, deformando nuestra tradición lingüística en beneficio de quien no se esfuerza por conocer su idioma. Con este modo de pensar, pronto expresiones tales como "q'", "TQM", "xq", "vales1000" u otras similares de continuo uso, podrían ser aceptadas.


En mi opinión, el "sólo" con tilde es una necesidad y no una necedad. La Real Academia dejó la decisión a cada país y México ya la validó, tanto en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2010 como con la publicación de la edición nacional de la "Ortografía" en marzo de 2011.

El escritor Javier Marías, miembro de la Real Academia Española, coincide con lo anterior al señalar:

"No sé si una de las funciones, pero desde luego uno de los efectos y grandes ventajas de la ortografía española era, hasta ahora, que un lector, al ver escrita cualquier palabra que desconociera (si era un estudiante extranjero se daba el caso con frecuencia), sabía al instante cómo le tocaba decirla o pronunciarla, a diferencia de lo que ocurre en nuestra hermana la lengua italiana ... del francés ni hablemos: es imposible adivinar qué es lo que uno lee ... El inglés ya es caótico en este aspecto... Este considerable obstáculo era inexistente en español –con muy leves excepciones– hasta la aparición de la última Ortografía de la Real Academia Española, con algunas de sus nuevas normas...


"Lo cierto es que, con las nuevas normas, hay palabras escritas que dejan dudas sobre su correspondiente dicción o –aún peor– intentan obligar al hablante a decirlas de determinada manera, para adecuarse a la ortografía, cuando ha de ser ésta, si acaso, la que deba adecuarse al habla... Y dado que la Academia parece inclinada a facilitarles las cosas a los perezosos e ignorantes suprimiendo tildes, no veo por qué no habría de eliminar también las haches. (Dios lo prohíba, con su hache y su tilde.)...

"La RAE parece tenerle pánico a la posibilidad de elegir en cuestión de tildes (que es algo menor y que no afecta a la sacrosanta 'unidad de la lengua'). Pero es que además es incongruente en eso, porque sí permite dicha opcionalidad en 'periodo' y 'período'... lo mismo como aún puede hacerlo (por suerte) entre 'solo' y 'sólo', 'este' y 'éste', 'aquel' y 'aquél'? La posibilidad de seguirles poniendo tildes a estas palabras no es para mí irrelevante ¿Cómo saber, si no, lo que se está diciendo en la frase 'Estaré solo mañana'? Si se la escribe en un mail un hombre a su amante, la diferencia no es baladí: sin tilde significa que estará sin su mujer; con tilde que mañana será el único día en que estará en la ciudad. No es poca cosa, la verdad. Por menos ha habido homicidios".

Nuestra lengua es rica y bella. Fomentemos su difusión, pero no a costa de una simplificación sin un propósito claro. Oficialmente, nuestra escritura es ahora un poco menos elegante y menos clara.

19/9/11

¿Qué pasó ayer? (Versión mexicana)


Se ha convertido en un ritual, que ya completa una década, el que un grupo de amigos hagamos una peregrinación a la ciudad de Las Vegas, el Disneyland de los adultos contemporáneos, bajo el pretexto de celebrar el aniversario de nuestra independencia, y con el objetivo de estrechar lazos, fincar nuevas amistades y departir fuera de nuestras ocupaciones. De esta manera, lo que empezó como el típico viaje de solteros, hoy se ha convertido en una cofradía de camaradas que año con año abonamos una semilla más a la tradición, reforzando la amistad y el cariño que nos une.

Si bien es cierto que los que acudimos a la puntual cita anual hemos ido cambiando con el tiempo y que hoy ya no somos unos niños, la máxima de todo viaje se cumple en este caso: se disfruta y se discute la preparación del mismo; cada nueva ida es mejor que la anterior y, por último, la interminable cantidad de anécdotas que nos han sucedido son tema recurrente de nuestra conversación al tener oportunidad de reunirnos.

Para los casados o los comprometidos, el asistir implica desde tener la fortuna de que se junte la convención de su grupo de profesionales en las mismas fechas y en el mismo lugar, el tener que asumir compromisos de carácter anual o el invertir sus ganancias en la fina bolsa o en la pulsera compensatoria. ¡Qué importa! Se hace lo que sea necesario para no perdérsela.

¿Qué hacemos? Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas. Puedo apuntar que juntos logramos sumar un año más a esta ceremonia tan entrañable; nos congratulamos con el que ganó y acompañamos en su dolor a quien perdió; reafirmamos el placer de cenar juntos; comparecemos a la tradicional función de boxeo y asistimos a un concierto de los que se arman en esas fechas para mexicanos; se curan las heridas en la alberca del hotel en turno, admirando, solo eso, a las mujeres más bellas que puedan estar juntas en un mismo lugar y momento; y lo más importante, simplemente no se hace nada, ya que es tal la confianza y el respeto que campean, que los horarios no se imponen, cada quien es libre de hacer lo que quiera sin que nazcan absurdos agravios. Eso sí, siempre estamos juntos, pasada la medianoche, alrededor de la mesa de ruleta, con whisky, vodka y ron, esperando que ese negligente ocho negro o el más presto diecisiete, nos den una gran alegría.
                 
Nuestra vida no puede ser lineal, no podemos alimentar la rutina diaria, por más satisfactoria que ésta sea, sin que llegue un momento en que nos sintamos ofuscados y perdidos. El ser humano necesita, de vez en vez, vivir nuevas vidas, charlar de lo que nunca habla y simplemente ser distinto. Así luchamos contra el irremediable destino del conformismo y sumamos, además de arrugas, sonrisas cómplices que delatan una nueva esperanza: que la vida sí tiene un sentido que hace que valga la pena ser vivida.

13/9/11

Entre tirios y troyanos


"Es vano ponerte a escribir si te tiemblan las piernas".

Henry David Thoreau

No puedo negar la cruz de mi parroquia. Soy tuitero y me enorgullece aceptarlo, ya que adoro mi afición y mi adicción. Pero no soy cualquiera, sino que soy de los que han aprendido a definir sus gustos de lectura y escritura, inclinándome por las buenas frases, los aforismos, la poesía, la fina ironía y, en algunos casos, la crítica. Día con día leo algo valioso que hace que valga la pena invertirle tiempo y, a partir de ahí, puede que nazcan magros esfuerzos por plasmar mis ideas.

Un tuitero que se respete a sí mismo no puede dejar de hacer metatuiteratura, es decir, hablar de Twitter, tal como el escritor, alguna vez, expresará sus afectos y desencuentros sobre el libro, los autores y los textos. Un caso excepcional que dignifica lo que se tuitea es el de Juan Villoro (@JuanVilloro56), quien abrió su cuenta el día 18 de marzo de este año, teniendo a la fecha 44 764 seguidores con tan sólo 290 tuits, de los cuales ha dedicado un número importante a escribir de esto, mismos a los que me referí en una entrada anterior.

Sin tener datos ciertos, uno de cada cinco tuits es sobre esta red social, fenómeno que no se había presentado en otros medios de comunicación. Entre otros factores, esto sucede ya que Twitter, en unión de una elitista y vilipendiada aplicación llamada favstar, fomentan una disparatada competencia de egos al tratar de cuantificar la popularidad.

Desafortunadamente, en el tipo de lectura que me gusta es donde la lucha se incrementa. Todo el que escribe tiene el sueño de ser leído y una de las ventajas de ser popular en Twitter es la certeza de que tu mensaje le llegará a alguien. Y el ser conocido no necesariamente deriva de la calidad de lo que posteas, sino de otros factores de carácter subjetivo y variable, que hacen que el tuitero no se concentre realmente en mejorar, al tratar de controlar algo que está fuera de su alcance.

De esta manera, la absurda creencia de que uno vale en razón del número de seguidores, las estrellas que colecta en favstar y la cumbre, entrar en el cuadro de honor de los más grandes tuiteros, es motivo de trifulca diaria, de campañas de boicot y bloqueo, de sesudos estudios sobre el tema, de prácticas que lo único que hacen es saturar nuestra querida herramienta de basura, haciendo que uno observe lo mismo hasta el cansancio y, lo más triste, perder la esencia de esto, que es leer y tratar de escribir bien.

Todos los que tuiteamos, de una u otra manera participamos en este choque de trenes. En algún otro momento describí los errores que he cometido en mi devenir por Twitter y que me llevaron a construir una ética personal, no para dar gusto o imponer algo a cualquiera, sino para delimitar la manera en la que trato de comportarme en esta red social. Pretender imponer un código de conducta es totalmente absurdo e imposible, partiendo de la disyuntiva de encontrar al santo que esté calificado para asumir el cargo de censor.

Dentro de esa loca carrera por ser el mejor, se pierde de vista que dada la innumerable cantidad de ofertas de comunicación, pretender que desde el anonimato se salte a la fama fuera de Twitter, es prácticamente imposible. Además, la competencia, desde un inicio es desigual, ya que en ella han entrado personajes y escritores con más o menos fama, que por el hecho de abrir una cuenta y decir lo que sea, sus admiradores preconstituidos, les aplauden todo.

Por regla general, al usar Twitter, prefiero a los escritores que aquí nacieron a los ya hechos que tuitean por la razón que sea. No quiero decir si son buenas o desagradables personas: en la literatura eso es irrelevante. Mi punto es, que si quiero leer, a guisa de ejemplo, a Gabriel García Márquez, no lo busco en esta red, porque antes de esto ya sabía quién era y que lo que ha escrito se encuentra plasmado en libros. Con los tuiteros pasa lo contrario, tal como lo expongo a continuación:

El hallazgo de un buen tuitero es un placer adicional que proporciona Twitter, por su brevedad, a diferencia de lo que hoy nos sucede en las librerías, los libros y las recomendaciones. Nuestro tiempo es finito y la cantidad de textos por leer es interminable, de tal manera que uno tiene que decantar. En mis lecturas personales tienen preferencia los clásicos, ya que no puedo darme el lujo de desperdiciar mis horarios en algo que a final de cuentas no me gustó. 

El tuitero se abre al aprendizaje y a la crítica; el escritor, con la experiencia del oficio y con las notables excepciones de siempre, lo sabe todo y se siente en el aula, olvidando que esto no es una librería, ni está firmando autógrafos.

Al tuitero, como dije, se le descubre aquí, éste es su espacio vital. En cambio, el escritor es esclavo de sus textos ya publicados; no puede ir a contracorriente ni arriesgar lo mucho o poco ganado fuera de la red. Por esta razón, muchos autores sólo utilizan Twitter como un portal de noticias y enlaces a sus publicaciones.

El relativo anonimato del tuitero le da frescura y mordacidad. El escritor no puede desprenderse de su biografía y de sus compromisos, ya que a final de cuentas es su trabajo.

Para mí, leer un libro es un placer, pero trato de hacerlo con una actitud crítica. Si el texto que leo no me gusta, lo desecho y es difícil que vuelva a invertir en el escritor. El tuitero, sin ganar nada más que alimentar su ego, escribe y quizás acierte, pero un solo yerro le puede costar un democrático unfollow.

Además, el tuitero, en su anonimato, se enfrenta a la absurda costumbre de la reciprocidad que, paradójicamente, implica la no lectura. Es una constante que una persona que pretende que leas sus textos alabe los tuyos; luego, al empezar a seguirlo, por arte de magia la admiración desaparece, y si uno se aburre y lo deja de seguir, de inmediato el otro hace lo mismo, aún manifestando su inconformidad.

Con el escritor sucede lo contrario, ya que no necesita abrir brecha para conseguir lectores. Eso ya lo hizo antes. Lo que me parece inexplicable de muchos seguidores de sarcásticas plumas, son sus loas a un camelo, a un "voy al baño" u otro sinsentido del famoso. Quizá crean que es Sylvia Beach y que les publicará su proyectado Ulysses, lo cual me permito dudar. El tuitero no puede darse ese lujo, ya que como implícitamente no promete nada, la lealtad nunca está asegurada.

Al abrir una cuenta en Twitter, todos estamos en el mismo plano. No allanamos propiedad privada ni le robamos la plaza a nadie. Aquí no hay títulos nobiliarios ni linajes que valgan. Uno debe estar abierto a la crítica a la que se expone cualquiera que publica un texto. Nunca en la historia habíamos tenido la posibilidad de que nuestro pensar fuera leído por tantos. No tiremos a la basura un medio genial de comunicación por vanidades y disputas absurdas. El número de personas que realmente nos lean únicamente depende de nuestro esfuerzo al escribir y de nuestro corazón que nos inspira y nos susurra la palabra.

12/9/11

La metatuiteratura de Juan Villoro


El excelente escritor mexicano Juan Villoro (@JuanVilloro56) abrió su cuenta en Twitter el 18 de marzo de 2011, con un éxito sin igual en su género. Al día de hoy, tiene 152, 646 seguidores con tan solo 459 tuits, todos ellos geniales por cierto; de esta forma, por cada nueva publicación, nuestro personaje suma 632.56 nuevos seguidores, cifra por demás sorprendente.

El autor en comento no se sustrajo al fenómeno que nos atrapa a todos los tuiteros, es decir, hablar de Twitter. Empero, su metatuiteratura es diferente, ya que no incurre en clichés, ni recurre al ataque o la crítica sin sentido. Bueno, por eso es Juan Villoro. Con las disculpas correspondientes, no pude evitar recopilar estas pequeñas joyas, las cuales transcribo a continuación:

En Twitter el silencio se vuelve misterioso de inmediato. Si no escribes en 10 días eres como un novelista que lleva 10 años sin publicar.

Después de ver una obra de Oscar Wilde, un amigo me dijo: "¡Está llena de tuits!".

En otros tiempos el hombre ponía un oído en tierra para saber si se acercaba un tren lejano. Hoy esa locomotora se llama Twitter.

Una bici fija hace pensar que avanzas y Twitter hace pensar que piensas. La ilusión quema calorías.

Los mexicanos caemos pero no sin frases. ¡Twitter es un invento perfecto para el apocalipsis nacional!

Otra ventaja de Twitter: el editor es un aparato amable que nunca te dice lo mucho que le debes.

Twitter te pregunta si estás seguro de que quieres borrar pero no te pregunta si estás seguro de que quieres escribir. Debería ser al revés.
                                                                                                         
El "hashtag" (#) tiene ventajas religiosas: permite crear una secta rápida.

Retuitear nos acerca al budismo: repetimos oraciones recibidas sin esperar la salvación individual.

En el futuro las misas serán electrónicas. Las plegarias tendrán 140 caracteres.

Las nuevas supersticiones 1: Si marcas "unfollow" en martes 13, pierdes seguidores.

2: Tuitear para que no llueva sólo funciona si traes paraguas.

3: Tuitear con gripe descarga el celular.

4: Los tuits románticos sólo funcionan cada 28 días (la luna llena es digital).

5: Tuitear en la iglesia ofende a los santos (se sienten followers de Dios: Los tuits románticos sólo funcionan cada 28 días [la luna llena es digital]).

6: Retuitear en el avión espanta a los ángeles (y quita millas de viajero frecuente).

7: La indiferencia es sexy. Si alguien te gusta, ignórala con pasión. Debe creer que jamás le mandarás un tuit.

8: Después de hacer el amor hay que esperar al menos media hora para volver a Twitter (si no, califica como infidelidad).

9: Todos los seguidores con fantasmas.

10: Dios no recibe tuits, solo los contesta.

¿Qué si me administran mi cuenta? Me declaro incapaz de administrar mi vida interior, pero Twitter pertenece a la vida exterior.

¿Por qué a los lectores de Twitter se les llama "seguidores"? ¿Logrará un tuitero mexicano tener suficientes para reconquistar Texas?

En Twitter todos somos arqueros zen: disparamos sin ver el blanco.

Twitter es el único medio de comunicación que fomenta la discreción: dejé de escribir y aumentaron los seguidores.

Los tuits son como las aceitunas: después de diez, quieres algo más fuerte y menos redondo.

Lichtenberg anticipó Twitter: "Esas son razones espermáticas [...] Pequeñas pero importantes para muchos.

Los mensajes en el refrigerador nos prepararon para Twitter. El cerebro se acostumbró a leer de prisa sabiendo que detrás hay comida.

Los tuits duran más en la mente que en los ojos: lo breve tiene una larga historia.

Tormenta en Twitter: los relámpagos son horizontales.

"No la hagas de tuit", dijo ella. A veces el deseo dura 140 caracteres.

Mi nombre ya estaba tomado en Twitter: ¿un pariente?, ¿un replicante? Con la filosofía te conoces a ti mismo; en la red conoces a tu doble.

7/9/11

"Solo los incompetentes y los necios copian". Julien Green


Muchas veces he soñado con escribir sobre París un libro que fuese como un largo paseo sin objetivo, uno de esos paseos en los que uno no encuentra nada de lo que busca, sino buen número de cosas que no buscaba. De hecho, solo de esta forma me siento capaz de abordar un tema que me desalienta y me atrae por igual. De entrada, me parece que no voy a decir una palabra de los grandes monumentos ni de todos los lugares que podrían despertar la expectativa de una descripción en regla. Tal vez por haberlas contemplado demasiado, no veo ya las glorias arquitectónicas de París con la necesaria libertad de espíritu. Predispuesto en su favor o en su contra, he tomado partido, soy injusto. Mil veces he deseado ver la torre Eiffel bajo las aguas, me agradaría saber que los dos Palais, el grande y el pequeño, que afean el Cours-la-Reine, han desaparecido durante la noche. Mis preferencias se orientan hacia las piedras viejas, no lo oculto, pero bostezaría hasta las lágrimas si tuviera que escribir una sola página sobre el Hotel des Invalides, pues, gustándome como me gusta, no sabría realmente qué decir de él. Del mismo modo, quedaría mudo frente a Notre-Dame, y refrenaría mis palabras, sin duda, la vergüenza de lo que me oiría decir, aunque admiro sin envidiarla la valentía de aquellos cuya suficiencia o genio lanza al asalto de tamaño monstruo. Por mi parte, prefiero callarme, y Notre-Dame, para mí, sigue siendo Notre-Dame, y punto.

A mis ojos, París continuará siendo el decorado de una novela que nadie escribirá jámas ¡Cuántas veces he regresado de largos zanganeos a través de viejas calles con el corazón en un puño por todo lo inexpresable que había visto! 

¿Estoy ante una ilusión? No lo creo. A menudo, en el hondón de un barrio viejo, me detengo de pronto frente a un gran ventanal engalanado con falsos encajes y sueño infinitamente con los destinos desconocidos que se despliegan a cubierto de esos cristales sin luz. Mis ojos distinguen un ramillete que cambia o desaparece con el ritmo de las estaciones, colocado en medio de una mesa recubierta por un paño oscuro. Y eso es todo, aunque tal vez sea suficiente. ¿Quién vive, quién muere entre esas paredes? Para un novelista, toda existencia, incluso la más simple, conserva su irritante misterio, y la suma de todos los secretos que contiene una ciudad tiene algo que unas veces le estimula y otras le abruma ¡Qué enorme despilfarro de situaciones, de palabras, de imprevistos, de personajes, de escenificaciones! ¿Cómo no sentirse impresionado frente a semejante competencia? No es posible copiar. Solo los incompetentes y los necios copian. No, es preciso hacerlo igual de bien, si se puede, con medios que sean nuestros. Entonces comienza el extraño suplicio de la página en blanco, en la que hay que abrir una ventana que no sea la que he visto hace un instante, pero cuyo realismo resulte igualmente categórico.

Muchas veces me he preguntado, durante los largos años de guerra que pasé lejos de París, cómo podía caber, en una pequeña casilla del cerebro humano, una ciudad tan grande. París se había convertido para mí en una especie de mundo interior por el que vagaba en las difíciles horas del alba, cuando la desesperación merodea en torno al durmiente que se desvela. Sin embargo, necesité tiempo para cruzar deliberadamente el umbral de la ciudad secreta que llevaba en mí, pues lo que primero vino fueron las negras semanas durante las que el solo nombre de París trituraba el corazón a quien lo escuchara. Me cerré por tanto a mí mismo las puertas de mi ciudad, corté las avenidas en el punto más remoto que me fue posible. Por la noche, sin embargo, desobedeciendo mi propia consigna, semejante a un espía o a un ladrón, me deslizaba por las calles, iba sin meta de una casa a otra. De repente, aparecía en una habitación en la que se escondían unos amigos ¡Cómo! ¡Es usted! ¡Eres tú! Se iniciaba entonces un diálogo interminable que duraba hasta el clarear del día. Lo que no podíamos decirnos, de una orilla a otra del Atlántico, nos lo decíamos con toda franqueza  en esas conversaciones alucinadas. No mediaba ya toda aquella agua entre nosotros, yo había abolido el espacio, estaba allí. Mi deseo de saber no tenía fin. Al salir, tocaba con la mano las piedras de las casas y el tronco de los árboles, y me encontraba, al despertar, con la extraña sensación de haber quedado a un tiempo colmado y chasqueado.

A fuerza de pensar en la capital, terminaba por reconstruirla en mi interior, y sustituía su presencia física por otra cosa casi sobrenatural a la que no sé qué nombre dar. Un plano de París fijado en la pared retenía largo tiempo mis miradas y me instruía casi sin darme cuenta. Descubrí que París tenía forma de cerebro humano...

...Sea como fuere, el plano de París me ayudó más de un día a superar horas difíciles, y dado que le había encontrado el parecido que acabo de mencionar con el cerebro humano, me esforzaba por circunscribir en los límites de esa ciudad todas las circunvoluciones que había observado en el pasado. De este modo, me complacía creer que yo había nacido en el ámbito de la imaginación y que había crecido en medio del recuerdo. 

1/9/11

"¿Qué se requiere para ser un buen abogado?"

En 1954, un niño de 12 años escribió una carta a Felix Frankfurter, a la sazón uno de los ministros más distinguidos de la Suprema Corte de Estados Unidos, pidiéndole consejo para convertirse en un buen abogado. La respuesta de Frankfurter se hizo famosa y aquí la reproducimos.
Estimado Paul:
Nadie puede ser un abogado verdaderamente competente, a menos que sea un hombre culto. Si yo fuera tú, me olvidaría de toda preparación técnica de la ley. La mejor manera de prepararse para la carrera de leyes es siendo una persona letrada. Solamente así puede adquirirse la capacidad de usar el idioma en el papel y en el discurso, con los hábitos de un pensamiento claro que sólo una educación liberal puede brindar. No es de menor relevancia para un abogado el cultivo de su imaginación mediante la lectura de poesía, la apreciación de grandes obras de arte, en su versión original o en reproducciones disponibles, y escuchar buena música. Llena tu mente con los frutos de las buenas lecturas; amplía y profundiza tus sentimientos experimentando a través de otros, en la medida en que te sea posible, los maravillosos misterios del universo… y despreocúpate de tu futura carrera.
Felix Frankfurter

(Citado en el artículo del maestro Gerardo Laveaga, "No es lo mismo ser Juez que Ministro", publicado en El Mundo del Abogado, septiembre 2011).

31/8/11

"The Pursuit of Happyness"


The Pursuit of Happyness (2006) es una película estadounidense basada en una historia real, dirigida por Gabriele Muccino y protagonizada por Will Smith, en la que a mi gusto es su mejor interpretación y que le valió una nominación al Óscar como mejor actor, y Jaden Christopher Syre Smith, hijo de Smith en la vida real, y quien actuó, desfavorablemente, en el remake de The Karate Kid.

Chris Gardner es un vendedor brillante, pero su empleo no le permite cubrir sus necesidades básicas. Su mala fortuna y un mal negocio hacen que su esposa lo deje junto a su hijo de cinco años y que lo desalojen de su departamento en San Francisco, quedando en el total desamparo y la indigencia. Cuando Gardner consigue hacer unas prácticas sin cobro de salario en una famosa casa de bolsa, padre e hijo tendrán que afrontar enormes dificultades, aun entre ellos, para tratar de salir adelante. 

Las historias de superación y lucha contra la adversidad han tratado de inspirar a la humanidad desde sus mismos inicios, aunque el cine y la televisión las utilizan frecuentemente como entretenimiento manipulador de emociones. Empero, ocasionalmente surge alguna obra que evita caer en ese fácil nicho, ofreciendo una sólida narrativa sin empalagosos excesos y casi redimiendo a su género. En mi opinión, este filme es uno de esos raros supuestos que merece aplausos por su conciso manejo y por el eficiente trabajo de sus actores. En otras palabras, no hay drama artificial, villanos de caricatura o mágicos caprichos del escritor. Aquí uno halla buenas actuaciones, situaciones creíbles y una historia que progresa de manera natural, logrando que el espectador comparta la evolución del protagonista, sus triunfos y fracasos.

Es injusto no destacar la espléndida interpretación de Will Smith, percibiéndose en su forma de actuar las distintas etapas que atraviesa el personaje, que corren de un inicial y probablemente ingenuo optimismo a una severa tristeza que percibimos nítidamente en su alicaído rostro, al darse contra la pared una y otra vez.

He visto The Pursuit of Happyness varias veces, y si bien aprecio defectos en la misma, me parece una película adorable, de esas que no cansan, de las que vale la pena ver con los seres queridos, no sólo por la lucha para lograr un objetivo, sino por el hecho de que la terrible adversidad demuestra que la familia, a pesar de sus detractores, sigue siendo el núcleo de nuestra vida social, el lugar en donde encontramos el soporte desinteresado para seguir adelante. La escena final, sobria y exacta, sin chantajes, reconozco que me hace estrujar el corazón y me enchina la piel.

Una frase:

Y fue en aquella ocasión en la que pensé en Thomas Jefferson redactando la Declaración de la Independencia, en ese apartado en que hablaba acerca de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Y medité en la manera en que supo escribir la palabra 'buscar' ahí en medio, como si nadie realmente pudiera alcanzar la felicidad ¿Significa que la felicidad es algo que estamos destinados a buscar, pero que nunca encontraremos?